Una significativa coincidencia. El pasado sábado 12 de marzo Inmaculada J. Martínez presentaba en una entrevista a la prensa regional de Murcia algunas de las conclusiones del proyecto movilizad@s. El titular resumía: “El uso del teléfono móvil causa más estrés en la mujer que en el hombre”. La idea de fondo es que, frente al discurso convencional que plantea el móvil como herramienta para la conciliación o, más concretamente, para la gestión eficaz de la coordinación entre la vida privada y la vida profesional, la realidad es que existen diferencias de género notables en este sentido.

Para los hombres el móvil funciona como barrera o elemento separador entre la vida privada y la profesional: de hecho, entre ellos y egún en qué franjas de edad es mayoritaria la opción por un móvil para el trabajo y otro particular. Para las mujeres, el móvil opera como conector y facilitador de la superposición de la vida privada sobre la vida laboral, lo que genera una carga de trabajo añadida en la gestión de ambos ámbitos y, en consecuencia, estrés en el desempeño en ambas esferas. De hecho, entre las mujeres parece mayoritaria la opción por un solo terminal donde se unifican la vida privada y la profesional.

Curiosamente, el mismo día, el blog de Enter.co daba cuenta de un artículo publicado en el Journal of Health and Social Behavior según el cual “Los smartphones les causan más estrés a las mujeres que a los hombres”.

No vamos, pues, desencaminados.